Y llegó el día 6 de mayo de 2005. Después de meses de agobios e incertidumbre, por fin nuestra graduación.
Fue un momento especial, sobre todo por poder compartirlo con la gente que quieres: familia, amigos y, como no, tus compañeros. Esos a los que te daba cosa decir algo el primer día de clase y con los que hoy no paramos de hablar. Esos con los que hemos compartido tantos momentos buenos y otros, que aunque no lo son tanto, constituyen lo que ha sido nuestra vida a lo largo de estos cinco años.
Pero, aunque fue la promoción 2000 - 20005 la protagonista de ese acto, no hubiera sido lo mismo sin los compañeros, los amigos que nos han precedido y los que vienen detrás de nosotros, y que tampoco quisieron faltar en un día tan especial. Por ello, mil gracias, "compis", a los que estuvisteis presentes y a los que, estando ausentes, estuvisteis también con nosotros. Solo recordad que este no es el final de nada, sino un punto y seguido en una amistad que se inició hace unos años y que confío en que perdure siempre.

Solo algunos profesores quisieron acompañarnos. A ellos gracias, a los que no pudieron... disculpas. A los que no quisieron... allá ellos. Lo importante es que los verdaderos protagonistas estuvimos allí.
Nervios, incertidumbre, dos besitos, la mano... ¿cómo diantres saludamos cuando nos pongan las becas? ¿por dónde subir? ¿por dónde bajar?
Flashes para arriba, gente por todas partes...

Y nuestro Joaquín, el bedel, uno más de la familia avisando que el del catering se había equivocado de hora. "Entreteneos con las fotos, creo que saldrá todo bien". A mandar y obedecemos, porque la sesión fotográfica... vamos, menudo book que nos hicieron. Ni las top models. Nada, que no tenemos nada que envidiar a nadie.
Y luego el catering, una sangría esquisita, buen humor, por fin relax... y a despedirse de la familia que el Picasso nos esperaba para tomar algo antes de irnos a cenar. Unos bajaron antes, otros, estuvimos de cabeza buscando el monedero de no se quién, que finalmente lo había dejado en casa.
A las diez y media, cena en "El Cardenal", porque nos lo merecíamos. Allí, el "buen rollito", acompañado por el vino y el cava hicieron que la velada fuera muy especial, marcada por brindis y por el buen humor y, como no, por la compañía de Gerardo, nuestro "profe" de Antropología que, aunque no pudo asistir a la graduación, quiso acompañarnos por la noche (Gracias a ti también).
Un poquito de Tshunami, bailoteo, un par de cubatas

(y unos chupitos de tequila que, Elías, estaban genial pero... que fuertes, ¡¡madre mía!!) y así finalizó un día que quedará grabado en nuestro recuerdo para siempre y que todos, (o al menos yo y lo que a mí respecta) estuvimos encantados de compartir con nuestra gente.
A todos ellos, a todos vosotros, mil gracias por ser geniales.

Nati.